A Fernando Llorente (31 años), y a sus clubes, les cuesta cerrar la puerta por fuera. Siempre hay una corriente de aire que empuja hasta dejarla abierta o entreabierta. Cuando se quiso ir del Athletic, en la temporada 2012/13, la respuesta estaba escrita en el viento: o se paga la cláusula o no hay camino. El Athletic no vendió y vivió un año en el ostracismo, como un reputado meritorio. Ni Marcelo Bielsa ni el presidente Josu Urrutia son de los que retuercen sus principios. Y Llorente penó esa temporada antes de partir a la Juventus, su principal pretendiente, aunque el club turinés tampoco quería aflojar el bolsillo. Esperó y se lo llevó libre en verano: el Athletic durmió con sus principios intactos, Llorente se fue a donde quería ir ( y no por más dinero) y la Juve se ahorró un dinero por un futbolista que le interesaba pero no tanto como para arriesgar su fortuna.
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