Unos Juegos Olímpicos perviven siempre más allá de la ceremonia de clausura: en la memoria, en el instante grabado en la retina. Son la patria donde hombres y mujeres reducen el imposible a polvo. Todas las barreras son superables. En la Antigua Grecia, solo el ganador de la Olimpiada tenía derecho a ser esculpido, él encarnaba el canon artístico. Hoy, a la posteridad no se pasa convertido en piedra. Recordemos estos grandes hitos del olimpismo moderno:
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