Anna Cruz anotó una de las canastas más importantes en la historia del baloncesto español. En el último segundo, tras una agonía interminable, después de haber sufrido lo indecible, de haber tenido el partido prácticamente perdido, salió a relucir la garra y la calidad de un equipo que no jugó bien pero que nunca se rindió. Revolcó a Turquía en ese último segundo mágico y ganó por 64-62, con un postrero parcial de 12-2. El éxtasis se apoderó de las jugadoras españolas que lo celebraron a lo grande, como merecía la ocasión. Por primera vez en la historia, España estará en unas semifinales olímpicas, después del quinto puesto Pekín 2008 y en Barcelona 1992, y del sexto en Atenas 2004. Y de la ausencia hace cuatro años que tanto daño causó a la actual generación de jugadoras españolas, algo que ratificó con su plata en el Mundial, su oro en el Europeo y, ahora, con las semifinales olímpicas que disputará mañana ante Serbia.
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