Los Juegos son una historia en capítulos que se refleja en el agua, esta anoche azul brillante, como las lagunas en una noche de luna llena entre los juncos surgiendo, sin sombra de sombras violáceas ni amargor. Un brillo rosáceo de caipiroska con maracuyá en una playa de Barra, los placeres de Río, donde llegan los gritos del Parque Olímpico las noches de agosto serenas. En un campo de rugby, una voluntaria pide en matrimonio a una jugadora dura. El amor. Los Juegos dulces de un martes que en los carrillos rollizos de Boomer, el hijo de meses de Michael, de Phelps, el nadador de las 21 medallas de oro ya, se transforman en besos y el mundo se olvida de sus manchas de ventosas violáceas circulares en su espalda.
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