En medio de una extensa llanura, dominada por la aridez y la incidencia del sol, un pequeño oasis rodeado de cipreses y olivos, jardines tupidos y el traqueteo de las pelotas, de un lado a otro todo el rato. Allí, en un paisaje aislado, muy próximo a Villena (Alicante), se asienta la academia de Juan Carlos Ferrero, exnúmero uno del tenis mundial. El escenario, remanso de paz, concentra a unos 50 jóvenes de diferentes nacionalidades que aspiran a convertirse en profesionales de la raqueta, y también, desde hace poco, enmarca una novedad: la pista inteligente. Un sofisticado sistema importado por el extenista y su técnico de toda la vida, Antonio Martínez Cascales, con el objetivo de multiplicar la productividad de esos aspirantes.
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