Cristiano Ronaldo, cojo, derrengado y abatido al cuarto de hora de partido, levantó al final el trofeo que al inicio había librado el bien vestido y delicado Xavi Hernández. No había seguramente mejores protagonistas para expresar el cambio que ha vivido el fútbol desde Viena 2008 hasta París 2016. Los partidos ya no se deciden a partir de los centrocampistas, jugadores de equipo por excelencia, sino que se resuelven en las áreas, territorio de los porteros y delanteros, y también desde los banquillos, zona en la que abundan técnicos anónimos, ninguno tan protagonista como el sufrido Fernando Santos.
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