Llevaba yo unos meses viviendo en Madrid, entusiasmada porque al fin había encontrado una profesión de provecho, cuando mis irreductibles amigos de siempre anunciaron su primera visita oficial. Sintiéndome tan estupenda como el italiano Pellè y sus gestitos a Neuer antes de fallar su delirante penalti, recibí a mis invitados con un abanico de ofertas culturales, en un claro síntoma de que, efectivamente, se me había subido la meseta a la cabeza. Alertada por mi preocupante mutación, y el posible —e imperdonable— fracaso del fin de semana, una amiga decidió cortar de raíz con el despropósito y me despertó del goloso hechizo del postureo: “Tía, yo no he venido aquí a ver museos”.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/29ltEKa
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire