La memoria del Tour se alimenta de imágenes de su campeón solo, distinto, corriendo en otra dimensión casi no humana. Las almas sardónicas las resumen en una, Froome de amarillo corriendo Ventoux loco arriba para salvar su liderato del mistral y las motos. Los generosos añaden una más, insólita también, Froome de negro acróbata del Peyresourde descendiendo loco hacia el liderato. El resto era un borrón oscuro, una mancha espesa en frente del pelotón con una cabeza de alfiler amarilla, y un tropel detrás: Sky, Froome, pelotón atropellado en sus movimientos cansinos.
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