Se llama Sofia Olivia, nació en febrero y no levanta más de 60 centímetros, pero según confesó ayer su padre, es la clave de que estas últimas semanas del año hayan sido las mejores de toda su carrera. “Tener un hijo te cambia la vida”, admitía Andy Murray con un discurso tierno, mientras descansaba a su lado el trofeo que acredita la reedición de su éxito en Wimbledon, una copa de plata de 47 centímetros de altura y 19 de diámetro.
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