Red Bull es una marca estrechamente vinculada a las emociones fuertes, y eso ese puede extrapolar perfectamente al circuito de velocidad de la compañía energética. En los grandes premios que se han celebrado allí los dos últimos años la hinchada se fue sin que la camisa le llegara al cuerpo. Hace un año, Kimi Raikkonen ensartó su Ferrari en el Mclaren de Fernando Alonso y el finlandés a punto estuvo de no contarlo.
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