“No es la mejor manera de empezar el Tour”, dijo Alberto Contador nada más cruzar la meta con el hombro en carne viva y la cadera y el dolor lacerante. La afirmación es toda una obviedad que en su boca adquiere todo el valor de una premonición. Un golpe similar, incluso menos fuerte, en la primera etapa del Tour de 2011, cuando un espectador en la cuneta le derribó inconscientemente, le condujo al primer mal Tour de su carrera, que terminó quinto detrás de Cadel Evans, los hermanos Schleck y hasta Thomas Voeckler.
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