A Ricardo Gareca (Tapiales, Buenos Aires; 1958) se le conoce en el mundo del fútbol como Richard o El Tigre, pero para sus amigos de toda la vida es El flaco. Así le decían cuando jugaba de portero en el equipo de su barrio, así le llamaban cuando con 11 años su padre lo inscribió en Boca Juniors para que se olvidara de parar goles y comenzara a gritarlos. “La Candela [el predio donde entrenaban las categorías inferiores del club xeneize] era muy diferente. Tenía que usar dos colectivos y caminar siete calles para ir a jugar”, recuerda Gareca. “En Boca comencé a jugar de enganche, hasta que en la quinta división me pusieron de punta y le tomé el gusto a marcar goles”. Hoy, El Flaco, sentado en el banquillo de Perú, es el encargado de reinventar a la selección peruana, olvidada de sus tiempos de gloria en la década de los setenta.
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