Fue en Oporto, a eso de las ocho y pico de la tarde. Jugaba el Athletic un partido de la fase de grupos de la Champions. “¡Mira, esa soy yo!". Elisabeth Ibarra, Eli, 14 temporadas, 392 partidos, 111 goles y cinco Ligas con el Atheltic, se dio cuenta de que un aficionado entraba al campo con una camiseta rojiblanca que llevaba su nombre: “Me hizo una ilusión enorme”, afirma mientras sonríe recordando una experiencia inigualable, tan habituada a que las mujeres, más aún los hombres, porten las camisetas de los ídolos masculinos. Es la cara, pequeña, mínima, de la moneda del fútbol femenino en España, abriéndose paso a trompicones en un deporte dominado por los conceptos, la simbología y la realidad masculina.
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