Faltaban pocos segundos para que el árbitro señalara el final del encuentro. Pocos segundos para que el ascenso fuera una realidad. En la banda, los jugadores suplentes de Osasuna, saltaban como posesos, en pleno avance de la celebración del equipo. Pitó el árbitro y se echaron al campo convertido el césped en un gran abrazo colectivo. Estaban en Primera. Volvían a la élite. Al otro lado, la pena embargaba al Girona.
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