En el partido inaugural de la Eurocopa contra Rumanía, Griezmann llegaba al Stade de France con sus auriculares de color rojo y bromeaba con los azules de Evra, los dos de lo más risueños al salir del autobús y camino al vestuario. Unos días después, frente a Albania, no llevaba la misma cara, quizá porque ya sabía que no sería titular. Era un cambio de plan del técnico Didier Deschamps, que va corrigiendo sobre la marcha. Aunque un par de horas más tarde, el extremo volvía a sonreír porque un gol suyo sobre la bocina -“este tanto me va a ayudar, pero tengo que seguir trabajando para estar otra vez en el once”, dijo- redondeado con otro de Payet dio el triunfo y el pase a la siguiente ronda. Pero de fondo estaban las dudas del seleccionador y Francia, un equipo que ha tenido más tiempo que nadie para preparar el torneo porque durante estos dos años no ha competido al ser el organizador de la Eurocopa.
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