Me despertó mi padre a escondidas y la vimos juntos, a las tantas y susurrando. 18 de marzo de 1977. Nosotros íbamos con el uruguayo ya nacionalizado español, Don Alfredo Evangelista. No ganó el nuestro, pero aguantó los 15 asaltos, que era como se peleaba entonces. Ganó el otro, el negro, Mohamed Ali. En realidad, ganamos todos. El uruguayo, el negro, mi padre y yo. Qué bonito combate.
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