Lull y Ayón, un base y un pívot, un dominador del ritmo y el tiro de larga distancia y un emperador del juego de altura, monopolizaron el segundo duelo de la final en el Palau Blaugrana. El Real Madrid, que el miércoles abandonó la cancha con un humor de perros tras ser derrotado con una canasta de Perperoglou en el último segundo, arrolló al Barcelona con una actuación implacable. La final está empatada a uno, pero el Madrid ha perfilado su imagen más aguerrida y eficaz en el Palau, la de esa máquina de anotar capaz de esquilmar al mejor equipo defensivo de la Liga y del continente, al que endosó 99 puntos en el primer envite y 90 en el segundo.
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