Vive La Roja con normalidad, como suele, ya sea en los batacazos (Brasil) o en los éxitos. Sin pirómanos, con los pies de Iniesta en el suelo, el buen ánimo de Iker Casillas en el banquillo, el bienaventurado tuteo entre Sergio Ramos y Piqué, la impagable cachaza de Del Bosque… No parece la selección de una Liga tan arisca como la española, donde la hoguera se atiza y se atiza. El fútbol de clubes es más disonante, la selección es una mecedora, los chicos encuentran en ella un retiro espiritual que no tienen en sus crispados equipos. Como ha dicho Jordi Alba, “hay tensión entre Barça y Madrid, pero en la selección el ambiente es fenomenal”. Lo subrayó, entre otros, Pedro, un pretoriano al que Nolito le ha adelantado. No importa: “La armonía del vestuario es buenísima”. Y no se trata de monaguillos. Que le pregunten a Nolito. “Aquí si quieres cachondeo también lo hay, no soy el único al que le gusta”.
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