El 10 de septiembre de 2015 la ACB creó un nuevo y alambicado concepto en su ya procelosa arquitectura reglamentaria: el ascenso en diferido a la máxima competición del baloncesto español. Ese día, la Asociación de Clubes y el Ourense pactaron la participación del conjunto gallego en la temporada 2016-2017 de la Liga Endesa, “independientemente de su resultado deportivo en la Liga LEB” del presente curso. Sin embargo, los orensanos, que concluyeron octavos con 15 victorias y 15 derrotas, fueron incapaces de completar su inscripción por segundo año consecutivo. A pesar, primero, de la intermediación decidida y favorable del CSD, que en otros casos se había inhibido; y, después, de los 12 meses de margen extra; no aparecieron los cerca de 7 millones que se necesitan para lograr la plaza en la élite (sumando el canon —3,129 millones más IVA—, la aportación al fondo de regulación de ascensos y descensos —1,565 millones más IVA—, el aval de garantía —600.000 euros— y un presupuesto competitivo, en torno a los 1,5-2 millones). El Concello y la Diputación, ambos del PP y accionistas mayoritarios del club con el 42% de los títulos de la SAD, no lograron sacar adelante sus respectivas subvenciones de 1,5 millones para completar la hucha. Tampoco Abanca ni el resto de entidades bancarias regionales rebajaron las exigencias de sus avales.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/23keASi
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire