Le costó, pero ya lo puede decir: Novak Djokovic, 29 años, el número uno del circuito que está pulverizando todos los récords, ya es uno de los elegidos. Después del escarmiento que sufrió el año pasado contra Stan Wawrinka, laureado contra todo pronóstico en la Philippe Chatrier, el serbio se quitó de encima todos los fantasmas que le atenazaban en París y atacó el título con el hambre de un lobo desnutrido y la determinación de un tiburón blanco: 3-6, 6-1, 6-2 y 6-4, después de tres horas y tres minutos. La presa, esta vez, Andy Murray, al que su notable mejora sobre la arcilla le fue insuficiente para frenar al tiránico Nole. Este, pletórico, elevó al cielo francés su 12º título del Grand Slam, con un buen trecho de carrera todavía por delante.
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