Ni en el día en que se convirtió en el portugués con más internacionalidades, pudo Cristiano alegrar a Portugal. A una Portugal que se procuró una docena de ocasiones que eran gol, gol, o gol. Incluido un penalti, en el tramo final, fallado por el delantero del Madrid, que se estrelló en un poste de la raquítica Austria. Por su cuenta, CR tuvo no menos de media docena de oportunidades. El resto de sus compañeros, otras tantas. Nada de nada. En Portugal hace años que el gol es una quimera, incluso en tiempos de Cristiano, un embrujo. En este caso no cabe culpar a Bela Guttmann. Su mal fario, que se sepa, solo fue al Benfica tras ser despedido con dos Copas de Europa en la mochila. En París, el asalto portugués a una Austria sin chasis de ningún tipo tampoco sirvió de nada. Sí, lo mereció Portugal, pero resulta que está metida en un lío. Y gordo, en un grupo con equipos del camión escoba como Islandia, Hungría y esta Austria tan borrosa.
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