El primer gol de Italia en la Eurocopa tuvo consecuencias sangrientas. Zaza abrazó con tanta vehemencia a su seleccionador, Antonio Conte, que cuando acabó la celebración el técnico descubrió una hemorragia nasal. La providencia suele ser generosa con los líderes como Conte, tan hábil desenvolviéndose en el escenario del vestuario como ejecutando la doctrina de los antiguos maestros del catenaccio. Ayer, tras conseguir clasificarse para octavos, el técnico, a quien apodan Generalissimo, se presentó en la sala de conferencias del estadio municipal de Toulouse invocando el estado de emergencia. Además de sangre hay crisis. “Este grupo, y yo me incluyo”, avisó, “siente el orgullo y la responsabilidad de representar a un país en un momento difícil desde todo punto de vista”.
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