Se aferraba Colombia a las botas de James, de Cuadrado, de Bacca, cuando aparecieron las de Ospina, un gigante de hielo, para despejar un penalti y llevar a la selección a un paso de la final de la Copa América. No fue hasta la muerte súbita cuando la superioridad colombiana se impuso a una Perú corajuda, pero carente de fútbol. Ausentes en sus equipos (Real Madrid y Arsenal), James y Ospina se vuelven determinantes cuando se enfundan la piel de la selección. Una vendetta con la que goza todo un país.
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