Claudio Bravo empezó el último curso con el Barcelona lesionado y lo terminó afectado de una rotura en el sóleo. Era su segunda temporada en el equipo catalán y sus promedios en el arco menguaron respecto a su espectacular estreno en la ciudad condal. Como cancerbero del tricampeón, en un año coronado con el triunfo en la Copa América disputada en Chile, que logró La Roja por vez primera en su historia, Bravo no dejó dudas; la pasada temporada, demasiadas, como para que ahora se alcen muchas voces cuestionando si Luis Enrique no debería replantearse un cambio en los palos y apostar por el alemán Ter Stegen, que por ser más joven (24 años por 33 del chileno) y al menos igual de bueno, debería de ser portero del equipo azulgrana a largo plazo.
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