En los pequeños detalles, en una conversación en un bar, en la elección de un directivo o en la decisión de un entrenador, percibes cómo el fútbol se interpreta en una sociedad. Hace tiempo que Brasil se ha comenzado a descapitalizar de algo trágico para su cultura. Hace ya un tiempo que en la sociedad brasileña se ha dejado de hablar de fútbol y se ha empezado a darle la espalda a su historia, a su esencia; en definitiva, a su manera de sentir. La playa, la música y la pelota forman (o formaban) parte de un patrimonio cultural. Brasil quiso ir a buscar la verdad a Europa y comenzaron a importar una serie de conceptos, ligados a un fútbol de parámetros científicos y musculares, y emprendieron un camino hacía el valor físico del jugador, hacía la capacidad táctica, y se olvidaron de la técnica y de las nociones del juego.
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