Serio, sin esa sonrisa eterna que le caracteriza, Arda siguió cabizbajo la estela del seleccionador turco Fatih Terim, su padre deportivo. Ya en la tarima, el alegórico mediapunta que asegura que es bueno reírse hasta en las finales, se ajustó los auriculares para la traducción y lanzó una mirada desafiante que pareció contener su malestar por la ola de críticas que recibió en su país tras la derrota con Croacia. “Mi actuación personal”, admitió de salida, “no fue la mejor, he hecho autocrítica como capitán”.
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