La bondad está hundida en el desprestigio. Hasta se ha extendido el término buenismo para usar como descalificación lapidaria. Tanto más en el fútbol, ese territorio -como la guerra, los negocios o el amor- donde prevalece la idea de que todo vale para perseguir la victoria. En el fútbol ser bueno es ser un flojo, un tipo que no está preparado para competir.
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