Red Bull maneja a sus pilotos como marionetas, hace con ellos lo que quiere, y la última muestra de ello es lo que ocurrirá en el Mundial de Fórmula 1 a partir de la próxima carrera, que no es otra que el Gran Premio de España, programada para el día 15 de este mes. En Montmeló, Max Verstappen, hasta ahora compañero de Carlos Sainz en Toro Rosso, sustituirá en Red Bull al ruso Daniil Kvyat, que pasará a conducir el monoplaza del holandés y a compartir taller con el español. Este cambio de cromos entre las dos estructuras que cuelgan de la compañía energética no es más que la consecuencia del cabreo de Helmut Marko, uno de los individuos con más poder en la división de F-1 de la marca e impulsor de su Júnior Team, el programa de jóvenes pilotos. Para el ejecutivo austríaco, el papel de Kvyat en los primeros compases del pasado Gran Premio de Rusia –dejó fuera de combate a Sebastian Vettel en dos curvas y condicionó su carrera y la de Ricciardo– fue lamentable, suficientemente grave como para ‘degradarle’.
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