jeudi 19 mai 2016

No me gusta la política

Horas antes de disputarse el último Clásico, a principios de febrero y de cuyo resultado no quiero acordarme, las redes sociales y algunas webs de diferentes medios se llenaron de vídeos en los que se podía contemplar el desfile de aficionados radicales del Barça hacia los aledaños del Camp Nou. A la escena no le faltaba de nada, al menos desde el punto de vista puramente estético: bengalas humeantes, canticos de diferente inspiración, pasamontañas caseros y de diseño, grandes banderolas con simbología de todos los pelajes y el pertinente cordón policial escoltando a tan animosa jauría por las calles de la ciudad. Aquel día se le murió un gatito a la estupendísima ley contra la violencia en el deporte, hoy tan en boca de todos.

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