Para que Juan Carlos Valerón no corriese nunca, y de hecho no lo hacía, los entrenadores le rodeaban de gente que sí corría: corrían todos para adelante y corrían todos para atrás. Los primeros lo hacían porque Valerón les daba pases todo el rato; los segundos porque Valerón a veces los fallaba. De este modo Valerón pudo cumplir el sueño de un futbolista: no tener nunca prisa por hacer nada, no preocuparse más que por disfrutar de su propio hábitat, un ecosistema en el que siempre era una hora menos.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1Zuv0Fd
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire