El viernes por la noche, en el minuto 69 y 45 segundos del Dinamo de Bucarest-Viitorul Constanta de la Liga rumana, el centrocampista del equipo local Patrick Ekeng se desplomó en el suelo. Estaba solo en el centro del campo. Cayó y su cabeza rebotó fuerte contra el césped, donde se quedó tendido, inconsciente. El árbitro paró el partido inmediatamente entre los gritos de alarma de los demás jugadores y rápidamente, a la carrera, dos masajistas llegaron hasta el futbolista caído, al que toquetearon, colocaron de lado y acuciaron. A su alrededor, lamentándose y llorando, todos se llevaban las manos a la cabeza, espectadores impotentes. Dos minutos y 47 segundos más tarde, según el cronómetro de la cadena televisiva que retransmitía el partido en directo, el infortunado Ekeng, camerunés de 26 años que jugaba desde enero en el equipo rumano, fue introducido en una ambulancia que no disponía de medios de reanimación. Menos de dos horas después, los responsables del hospital al que fue trasladado, anunciaron su muerte por un paro cardiaco posiblemente provocado por una arritmia.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1WeVxrZ
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire