El fútbol es breve. Por eso, muchas veces, hay que jugarlo desde la víspera, para que dure más. En ese lapso de espera, mientras se aproxima el partido, el fútbol es sueño, y puede pasar cualquier cosa. Algunos tuvimos tiempo de imaginar que la Liga acababa como El Padrino III,cuando en su clímax, mientras los Corleone asisten a la ópera, don Altobello muere en uno de los palcos, tirotean al arzobispo Gilday en su iglesia, apuñalan a Lucchesi con sus propias gafas, y asfixian y cuelgan de un balcón al banquero Kienzig. Por si fuera poco, envenenan el nuevo papa. Todo, en un suspiro. Si la jornada del sábado nos deparaba un final así, lleno de conmovedoras simultaneidades, el campeón de esta Liga todavía podía ser el Superdépor de Arsenio Iglesias.
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