La imagen remite a Octave Lapize, ganador del Tour de Francia en 1910, tumbado en la cama, descansando después de una etapa de esas que recorrían carreteras infernales por más de 200 kilómetros, con bicicletas que pasaban de los 20 kilos, mientras respondía a los periodistas que se desparramaban por la alcoba. “El Tour se gana en la cama”, repiten los franceses, como dicho o chascarrillo que aplican a cualquier cosa que remita a tomarse un respiro. “El descanso forma parte del trabajo”, respondió una mañana Xabier Azkargorta a un directivo que le reprochaba lo poco que trabajaba su equipo en algunos momentos de la pretemporada. “La cabeza corre más que las piernas”, dijo un día Paco Seirul·lo, maestro de los preparadores físicos españoles.
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