El último día del mercado de verano de 2008 el Real Madrid cerró una transacción sorprendente: Robinho, un futbolista que se había devaluado durante su estancia en el club blanco, se fue al Manchester City por 42 millones de euros, el doble de lo que le había pagado al Santos por el delantero brasileño cuando se anunciaba que era el nuevo Pelé. La noticia sacudió al mundo del fútbol, que esperaba un traspaso al Chelsea y menos oneroso, pero a Abrahamovic le habían adelantado por la derecha.
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