Siempre al acecho, los lectores de resultados no dudan en simplificar la extraordinaria, por emotiva y fascinante riqueza táctica, semifinal entre el Bayern y el Atlético: todos son Simeone, nadie es Guardiola. Si el debate se reduce a ganadores y perdedores, no hay caso. Hoy vencen unos y mañana otros, fin de la discusión. Una mirada con las luces largas engrandece a los dos técnicos, por antagónicos que sean. El cruce ha sido tan exigente que uno y otro se han hecho todavía mejores. La victoria rojiblanca tiene aún más relevancia por la grandiosa oposición del equipo muniqués. La derrota alemana no merece la guadaña por la fabulosa abnegación de los colchoneros. Si lo quieren llamar fracaso, nada mejor que naufragar como lo hizo el Bayern, acorde con su potencial, a pecho descubierto, con 33 jugadas de ataque, con el portero adversario en el podio. Si lo quieren llamar un éxito mayúsculo, nada mejor que entronizarse como lo hizo el Atlético, acorde a lo que tiene, con la mandíbula de acero y el alma en un puño.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/26TcU5c
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire