Entre tú y yo, amigo: si de verdad existe dios y ya te han acomodado en ese paraíso suyo a donde, dice el catecismo, van las almas buenas cuando abandonan esta vida o las sacan a la fuerza, como sucedió contigo, pregúntale al presunto implicado aquello que tantas veces nos repetíamos el uno al otro para lamernos las heridas tras las victorias más inexplicables del enemigo deportivo: “Padre nuestro que estás en los cielos, ¿es usted aficionado al Real Madrid o es socio y abonado?”.
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