El fútbol español se encuentra inmerso en su particular quincena de gloria. Ocurre año tras año, cuando por estas fechas se disputan las finales de los dos grandes torneos continentales. Uno, llamado Liga Europa, que se sigue denominando así de manera incomprensible, pues bien merecía llamarse Liga Sevilla. El otro, la Champions, que no conoce ningún ganador que no sea español en sus tres últimas ediciones. Jamás en la historia había sucedido nada igual, que clubes de un mismo país copen durante tres temporadas todos los premios europeos. El fútbol español aclama con deleite a los Messi, Cristiano, Griezmann y compañía y, de cuando en vez, regala su minuto de inmortalidad a gente que responde al nombre de Emery, Coke o Vitolo. Un minuto, no más, que ya vendrán tiempos en los que la condena del viejo vicio de olvidar caiga sobre ellos al grito, por ejemplo, de “¡Unai vete ya!”.
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