El Molinón lo festejó como un título. Y lo es. Pocas alegrías, pocos alivios comparables a los que siente un modesto cuando se libra del descenso en la última jornada y más en un momento en el que los ingresos por derechos de televisión aumentarán de manera exponencial para los equipos que se queden en Primera División. Ahí seguirá el Sporting, que por segundo año consecutivo festejó un triunfo que precisó carambola ajena para acabar de sustanciarlo.
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