En la orilla se quedó el Madrid, que tiró de fe hasta el final y cerró la Liga con honor. Para una entidad de semejante rango no hay otra gloria que los títulos, pero a este Real animado por el optimista Zinedine Zidane le cabe no reprocharse el final de curso y haber caído de pie, con decoro. No claudicó cuando se vio a trece puntos del Barça, incluso con el Atlético por delante. Emancipado del cientifismo de Rafa Benítez, cogió un segundo aire con una inopinada victoria en el Camp Nou y se negó la rendición hasta llegar con opciones a la última jornada, en la que necesitaba un prodigio. Colonizó de forma aplastante al Deportivo, pero no hubo milagro en Granada, lo que impidió un brindis histórico del Madrid. Histórico por insólito: el club de las grandes gestas jamás había ganado una de sus 32 Ligas sin haber llegado como líder al cierre del campeonato.
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