No hay escenario en el mundo con más mística y liturgia que Anfield, santuario de, al menos una vez en la vida, obligado peregrinaje para los devotos aficionados al fútbol. Ningún lugar mejor para que el Villarreal logre hacer historia y por primera vez en sus 93 años de vida, alcance una final, de la Europa League nada menos. “Estamos muy contentos e ilusionados por jugar esta semifinal, que vamos a sufrir y disfrutar, con la esperanza de ser competitivos y tener opciones de pasar a la final”, considera prudente Marcelino, el entrenador del Villarreal.
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