“Si quererte es un pecado el infierno será todo nuestro”. La duda está en saber si para la afición del Rayo, creadora de la pancarta que recibió a su equipo con semejante declaración de amor, jugar en Segunda es hacerlo en el infierno. No lo pareció, al menos por cómo despidió a su equipo. Entre aplausos, sin ningún reproche, con un abrazo de esos que reconfortan el alma y suturas las heridas. Al menos las superficiales. Si hubo lágrimas, que las hubo, fueron de impotencia, las más amargas. El Rayo, en su quinta temporada en Primera tras lograr el ascenso en 2011, dijo adiós a la categoría tras lograr una victoria ante el Levante, un vecino con el que volverá a encontrarse en el nuevo barrio.
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