Le debe mucho el Betis a Rubén Castro. Su remate en el minuto 81 a gran centro de Cejudo le dio la vida a su equipo, que jugó igual de mal que siempre, maniatado por el Levante, pero que encontró en la cabeza del canario la más que posible vía de la salvación. Un cabezazo que reventó las gargantas de los 37.000 béticos que gritaron a los cuatro vientos un gol que casi deja en Primera al Betis un año más. Un tanto que puso fin al sufrimiento de esos béticos, que abuchearon de lo lindo a su equipo, dominado todo el encuentro por el Levante.
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