A Luis Enrique le dio rabia perder el clásico ante el “eterno rival”, como él define al Madrid, pero dijo no afectarle ni suscitarle un sentimiento de pesadumbre por ser en el día que se homenajeaba a Johan Cruyff. El enfado, dicen desde el club, lo llevaba por dentro; siempre antepuso el resultado a lo demás. “Lo importante es ganar”, convenía cuando llegó al banquillo del Barça hace un año y medio. Pero ayer sí que homenajeó al Flaco con un argumento bien cruyffista —“el primer objetivo es ser mejor que el rival futbolísticamente porque eso nos acerca a la victoria”, resolvió— como también lo hace en cada partido al prolongar el modelo que instaló Johan a inicios de los 90 y que reversionó Pep Guardiola. Un claro ejemplo son los laterales, profundos por definición pero cortos frente al Madrid, lo que resultó en un ataque cojo que de repetirse frente al Atlético pondría en peligro la eliminatoria.
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