mardi 5 avril 2016

Landa, el primer gallo que canta

Cuenta la leyenda, o quizás la historia, que en tiempos lejanos, los vecinos de Zuia y Baranbio, municipios alaveses, decidieron poner fin a sus discusiones dialécticas (¿o no?) sobre los lindes de los montes entre dos partidas de mozos, uno de cada pueblo. Quien antes llegara más tiempo tenía para amojonar su territorio. La salida a cada partida se daría cuando cantase el gallo de cada cual, vigilados ambos por los representantes diplomáticos del pueblo contrario. Los de Zuia lo alimentaron con comida sana y ligera, y lo pusieron dormir donde antes aparecía la luz de sol (o lo que fuera). Los de Baranbio, cuentan, que apelaron a la euforia y lo atiborraron de pan empapado en vino, a sabiendas del efecto musical que provoca la euforia etílica. Ocurrió que cuando el gallo de Zuia cantó, antes de lo previsto, el de Baranbio aún dormía la mona porque nadie calculó el efecto adormidera en el declive etílico. Cuando el gallo despertó, los mozos de Zuia estaban poniendo los mojones a la vera de Baranbio y los montes habían pasado todos a su patrimonio municipal. Dirán en Zuia que es verdad y en Baranbio que es mentira y nadie lo sabrá. Da igual.

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