Sabido es que el fútbol no tiene entre sus atribuciones la de impartir justicia. Eso le corresponde al árbitro, que es solo una parte del fútbol y que no quiso otorgarle a la Real Sociedad el premio que merecía su juego. Sin embargo, el fútbol sí quiso premiar el coraje y el tesón del Eibar, un equipo que cuando juega poco o mal no decae jamás en su actitud por adverso que le sea el resultado y esquivo que le resulte el balón. La solidaridad merece en ocasiones que se haga justicia poética. Y algo de eso tuvo que ver con un equipo azulgrana en el que sus dos delanteros, Enrich y Bastón, acaban siempre fundidos, rotos, como si hubieran jugado un partido y una prórroga. Clato, son los primeros defensores. El primer tuvo el premio de un gol,m vale que afortunado porque su cabezazo dio también en la cabeza de Diego Reyes y descolocó a Rulli. El segundo se marchó exhausto con una ovación de gala de Ipurua que ejercía así la justicia popular.
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