Hay maneras de ganar, como hay maneras de vivir. Basta con que sean legítimas. Y la de Stephen Cummings, el británico, lo ha sido. Porque en el ciclismo se puede ganar desde lejos, oteando el horizonte, como los escapados habituales como una cuerda de presos en pos de la libertad, o sea la gloria. Son tipos que buscan el adormecimiento de los guardianes para, entre bostezo y bostezo, encontrar el sendero prohibido que en este caso llevaba a Lesaka, zona fronteriza con lo que las fronteras tienen ahora de actualidad. Lo intentaron tipos de todo tipo, como Oomen, Gonçalves, Teklehaimanot, el pertinaz Denifl, Kadri, o Albasini, Fataldo, -ya más categoría-, Dani Navarro. El típico juego del escondite: me voy, me escondo, se para el reloj y cuando lo enciendae quizás ya no estoy. Quizás aquello que decía Cruyff de “toco y me voy”.
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