Apenas hubo tiempo para el lamento. Tampoco para las dudas. Todo, porque en 10 minutos de absoluta locura el Sevilla desató toda su furia para aplastar al Basilea, correcto hasta entonces, capaz de aguantar el cero a cero que alimentaba sus esperanzas. Entonces, en el minuto 35, el campeón sacó el mazo. Lo hizo para golpear de forma despiadada y abrir, así, con autoridad, juego y goles, el camino de los cuartos de final. Al campeón de la competición lo encumbran 17 triunfos consecutivos en Nervión, su fortaleza, donde se siente intocable y sueña con todo lo que se ponga a su alcance. Otra vez en cuartos. Siempre que llegó a esta ronda acabó ganando el torneo. Peleando por la cuarta plaza en Liga, finalista de Copa y entre los ocho mejores de la Liga Europa, el Sevilla enfila una temporada que puede culminar de forma increíble. Y lo hace sobreponiéndose a las lesiones, a su incapacidad para ganar fuera de casa en Liga, ayudado por el talento de Banega y Reyes, los goles de Gameiro y el alma de un equipo que, a veces, se siente indestructible.
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