El fútbol ama a los equipos acorralados, casi muertos, como lo estuvo al principio la Juventus, y sólo unos pocos minutos después, en un giro de guión dramático, el Bayern de Múnich. No hay nada como un buen inicio, sobrecogedor, que te haga escupir el trago de cerveza. El juego adquiere belleza cuando da calambre. Apenas marcó Pogba, tras unos de esos errores que coronan a un defensa y su portero como los mejores del mundo, supimos que el destino cambiaba de signo, igual que en las noches que no vas a salir, y ya estás con el pijama, como si presintieses el fracaso, y al final sales, y entonces la vida te sonríe y no paras de decirte «menos mal que salí». De repente, después de seis minutos, era el Bayern el equipo que se encontraba contra las cuerdas.
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