La Roma tuvo el 0-1. Acarició la remontada porque dispuso de la ocasión perfecta de asestar el golpe psicológico imprescindible. Al cuarto de hora de partido, cuando Salah pisó la banda derecha, aceleró y se fue de Marcelo y de Ramos como quien enhebra cuentas de un collar. Cuando Pepe y Casemiro bajaron a cubrirlo el atacante egipcio le pasó la pelota al nueve Edin Dzeko, que le acompañaba por el medio. De repente, este melancólico punta bosnio se vio solo ante la red del Madrid. En la esquina del área chica, él y el gol. Citados. Quizá demasiado comprometidos. Armó la pierna y en lo que tardó en golpear descubrió que le apagaban la luz. La sombra lo cubrió en forma de uniforme negro sobrevenido. El uniforme de Keylor Navas, el portero costarricense, que primero se movió lateralmente y una vez cerrado el segundo palo avanzó cuatro zancadas hasta achicarle el ángulo al rematador. Dzeko se atolondró tanto que mandó el tiro al cartel de patatas Lay's.
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