Amparado en un entorno capaz de excitar al más calmado, el Paris Saint-Germain se puso en ventaja en el clásico contemporáneo que le vuelve a enfrentar al Chelsea. Lo hizo desde el frenesí, con intensidad, imprimiendo a todas sus acciones quizás un punto más de velocidad de lo aconsejable. Le costó al PSG descerrajar el plan defensivo de un antagonista que sabe bien de qué va lo de esperar y aprovechar debilidades ajenas, que no se descompuso, se plegó pródigo en ayudas defensivas y fue a más en cuanto al rival se le empezó a consumir el fervor. Pero que a la postre cayó y deberá remontar en Stamford Bridge. Allí dirimirán de nuevo dos capitales, dos estilos, el glamour parisino contra el carácter londinense.
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